Lo más probable es que los están leyendo esto son muy jóvenes para haber visto pelear a Muhammad Ali y me incluyo. Sin embargo, cuando un personaje llega a ser tan grande, su historia trasciende la barrera del tiempo.
Así, no es difícil intentar describir al boxeador, pero sobre todo, a la persona detrás de la figura. Ali nos enseñó a sortear los obstáculos de la vida como él esquivaba los golpes del rival: con gracia y determinación. Su forma de ser, siempre polémica, demostró que las palabras se respaldan con hechos. La llamada arrogancia era una forma sencilla de tomar lo que por grandeza le pertenecía: la gloria.
Encasillarlo tan sólo en el boxeo puede ser hasta grosero. El nombre Muhammad Ali se extiende en todos los ámbitos de la sociedad. Finalmente, todos estamos en este planeta como él lo diría: con un sueño, un deseo, una visión.
El destino lo situó en un mundo tan diferente al de ahora, pero sus vivencias y frases son aplicables en el presente y más que seguro, en el futuro. La convicción con la que peleó en el cuadrilátero era la misma con la que combatió lo que para él era incorrecto. Su trabajo implicaba la violencia de golpear a otra persona, pero sus valores le impidieron ir a una guerra. Tenía que ser agresivo y hablar en el ring, pero luchó en contra del racismo.
La vida no es eterna, todos lo sabemos, pero el legado sí. Tenías razón, no ibas a extrañar el boxeo, el boxeo te extrañará a ti. Descansa en paz, Muhammad Ali.
***Miguel Delucio / @miguel_delucio
***Fotos Getty Images
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